No sé qué me pasa, pero ya no soy quién era

Hay algo especialmente difícil de gestionar cuando sentimos que no estamos bien, pero no sabemos exactamente qué nos ocurre.

A veces no hay una explicación clara. No ha sucedido nada especialmente grave. Nuestra vida sigue adelante, cumplimos con nuestras responsabilidades, mantenemos nuestras rutinas y, desde fuera, puede parecer que todo está en orden. Sin embargo, por dentro empezamos a percibir una sensación incómoda que resulta difícil poner en palabras.

Es entonces cuando aparecen pensamientos como: “No sé qué me pasa”, “últimamente no me reconozco” o “ya no soy quien era”. Y lo cierto es que detrás de estas frases suele haber mucho más sufrimiento del que imaginamos.

Con frecuencia, las personas esperan encontrarse mal para pedir ayuda. Esperan una crisis, un acontecimiento importante o un problema claramente identificable. Sin embargo, muchas veces el malestar emocional no aparece de esa manera. A veces se instala poco a poco, casi sin que nos demos cuenta. Comenzamos sintiéndonos más cansados de lo habitual. Nos cuesta disfrutar de actividades que antes nos resultaban agradables. Tenemos menos paciencia, menos energía y menos capacidad para ilusionarnos. Las obligaciones empiezan a sentirse más pesadas y aquello que antes hacíamos con relativa facilidad requiere cada vez más esfuerzo. No siempre sabemos por qué ocurre. De hecho, una de las cosas que más angustia genera es precisamente no encontrar una explicación clara.

“Si no tengo motivos para estar mal, ¿por qué me siento así?” Esta pregunta aparece con frecuencia y suele ir acompañada de otra tendencia muy habitual: invalidar lo que sentimos. Pensamos que, puesto que hay personas atravesando situaciones más difíciles, no deberíamos quejarnos. Que tenemos trabajo, familia, estabilidad o una vida aparentemente normal y, por tanto, no tenemos derecho a sentirnos agotados, desmotivados o emocionalmente sobrepasados. Pero las emociones no funcionan de esa manera. El malestar no siempre surge después de una gran pérdida o de una experiencia traumática. En muchas ocasiones aparece tras largos periodos de exigencia, estrés sostenido, preocupaciones constantes o una desconexión progresiva de nuestras propias necesidades.

Vivimos en una sociedad que nos empuja a seguir adelante incluso cuando estamos agotados. Aprendemos a cumplir, a responsabilizarnos, a ocuparnos de todo lo que tenemos alrededor y, poco a poco, dejamos de prestar atención a cómo nos encontramos nosotros.

Seguimos funcionando.

Y precisamente porque seguimos funcionando, pensamos que todo está bien. Sin embargo, ser capaz de seguir adelante no significa necesariamente encontrarse bien. A veces significa simplemente que nos hemos acostumbrado a sostener más de lo que podemos sostener.

En consulta veo con frecuencia a personas de Cáceres y de localidades cercanas que llegan con esta misma sensación. No acuden porque hayan identificado un problema concreto, sino porque perciben que algo ha cambiado dentro de ellas. Siguen siendo las mismas personas de siempre, pero ya no viven las cosas de la misma manera. Se sienten más apagadas, más desconectadas de sí mismas o más cansadas de lo que les gustaría reconocer. Y quizá una de las ideas más importantes que intento transmitirles es que no hace falta tocar fondo para empezar a cuidarse. No hace falta esperar a que el sufrimiento sea insoportable. No hace falta tener una explicación perfecta para lo que sentimos.

A veces basta con reconocer que llevamos demasiado tiempo ignorándonos. Que hemos estado tan pendientes de llegar a todo, de responder a las necesidades de los demás o de cumplir con nuestras obligaciones, que hemos dejado de preguntarnos cómo estamos realmente.

Si últimamente tienes la sensación de que algo ha cambiado en ti, no intentes convencerte de que no es importante. Tampoco necesitas encontrar inmediatamente todas las respuestas. Quizá el primer paso consista simplemente en detenerte un momento y escuchar lo que llevas tiempo intentando decirte.

Porque, en ocasiones, el problema no es que te hayas convertido en otra persona. Es que llevas demasiado tiempo alejado de quien eres.

Si te has sentido identificado/a con lo que has leído y sientes que llevas tiempo intentando entender qué te ocurre sin encontrar respuestas, recuerda que no tienes por qué hacerlo solo/a. Pedir ayuda no significa que estés peor de lo que deberías estar; significa que has decidido empezar a cuidarte. 

En mi consulta en Cáceres acompaño a personas que atraviesan este tipo de dificultades emocionales para que puedan comprender mejor lo que les ocurre y recuperar su bienestar. 

Soy Marta, Psicóloga Sanitaria. Fundadora y CEO en Marta Gandín Psicología. Te ofrezco un espacio seguro donde comprender, aceptar y transformar. Puedes encontrarme en: