Hay una frase que escucho con bastante frecuencia en consulta y que, casi siempre, viene acompañada de culpa:
«Últimamente me molesta todo.»
Personas que siempre se han considerado tranquilas empiezan a notar que responden de forma diferente. Les irrita el ruido, el tráfico, que alguien les interrumpa, que suene el teléfono o que un pequeño imprevisto cambie los planes del día. Y lo que más les preocupa no es enfadarse. Es no reconocerse. Empiezan a preguntarse si se están volviendo más intolerantes, si tienen peor carácter o si simplemente ya no tienen la paciencia que tenían antes.
Sin embargo, la mayoría de las veces la pregunta importante no es por qué te enfadas. La pregunta es qué hay detrás de ese enfado.
La irritabilidad no siempre habla de mal carácter
Cuando pensamos en una persona irritable solemos imaginar a alguien con poca paciencia o con dificultades para controlar sus emociones.
Pero la realidad suele ser mucho más compleja. La irritabilidad rara vez aparece de un día para otro. Normalmente se va instalando poco a poco, casi sin que nos demos cuenta. Un día respondes un poco más seco. Otro día pierdes la paciencia antes de lo habitual. Empiezas a notar que cualquier pequeño contratiempo te afecta más de la cuenta. Y llega un momento en el que tienes la sensación de que todo te molesta. No porque las cosas hayan cambiado. Sino porque quien lleva mucho tiempo sosteniendo demasiadas cosas eres tú.
Cuando el problema no es lo que ocurre, sino el desgaste que llevas acumulado
Imagina un vaso lleno hasta arriba. Mientras nadie lo toque, el agua seguirá dentro. Pero basta un pequeño movimiento para que empiece a derramarse.
Con nosotros ocurre algo parecido.
Muchas veces no reaccionamos de forma intensa por lo que acaba de pasar, sino por todo lo que llevamos tiempo acumulando. Las preocupaciones, las responsabilidades, la presión por llegar a todo, la sensación de no poder bajar el ritmo, las decisiones pendientes, el cansancio.
Todo eso va ocupando espacio aunque aprendamos a convivir con ello. Y llega un momento en que cualquier cosa, por pequeña que sea, termina desbordándonos.
No siempre necesitas más paciencia
Vivimos en una sociedad que nos anima constantemente a ser más productivos, más resolutivos y más capaces de gestionar cualquier situación. Cuando empezamos a reaccionar peor de lo habitual, solemos pensar que deberíamos esforzarnos por tener más paciencia o controlar mejor nuestras emociones.
Pero quizá ese no sea el verdadero problema. Porque la paciencia también se desgasta.
Y nadie puede mantenerse durante meses o años funcionando al límite sin que eso tenga consecuencias. A veces no necesitas aprender nuevas técnicas para controlar el enfado. Necesitas entender por qué tu cuerpo ha llegado a un punto en el que ya no puede seguir respondiendo igual que antes.
Escuchar lo que la irritabilidad intenta decirte
La irritabilidad puede tener muchos orígenes y siempre es importante valorar cada situación de forma individual. Pero cuando aparece de forma mantenida, merece la pena hacerse algunas preguntas.
¿Cómo están siendo tus días?
¿Cuánto tiempo hace que no descansas de verdad?
¿Hace cuánto que no haces algo simplemente porque te gusta?
¿Llevas semanas, o incluso meses, sintiendo que siempre vas con prisa?
¿Tienes la sensación de que todo depende de ti?
En consulta veo con frecuencia a personas de Cáceres, Torrejoncillo y de localidades cercanas que llegan preocupadas por esta pérdida de paciencia. Sin embargo, cuando profundizamos en lo que están viviendo, casi nunca encontramos un problema de carácter. Encontramos personas que llevan demasiado tiempo sosteniendo responsabilidades sin darse permiso para bajar el ritmo.
Antes de juzgarte, intenta comprenderte
Es fácil pensar que el problema está en cómo reaccionamos. Lo difícil es detenerse a entender por qué estamos reaccionando así. Quizá esa irritabilidad no sea un enemigo al que haya que eliminar cuanto antes.
Quizá sea una señal.
Una forma que tiene tu cuerpo de decirte que algo necesita atención. Que llevas demasiado tiempo exigiéndote más de lo que puedes dar. Que has normalizado un ritmo de vida que, poco a poco, está pasando factura. Y que seguir ignorándolo probablemente no hará que desaparezca.
Una reflexión para terminar
Si últimamente sientes que todo te molesta, no te quedes únicamente con la idea de que tienes menos paciencia o peor carácter. Pregúntate también cómo estás. Cómo has llegado hasta aquí. Qué llevas demasiado tiempo sosteniendo.
Porque, a veces, la irritabilidad no aparece para complicarte la vida. Aparece para recordarte que llevas demasiado tiempo olvidándote de ti.
Soy Marta, Psicóloga Sanitaria. Fundadora y CEO en Marta Gandín Psicología. Te ofrezco un espacio seguro donde comprender, aceptar y transformar aquello que hoy te hace sufrir, desde un enfoque basado en la evidencia científica y adaptado a tus necesidades.
Atiendo de forma presencial en Cáceres y Torrejoncillo, y también de manera online para toda España.
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