¿Y si no te pesa volver de vacaciones, sino volver a la vida que llevas?

Hay una sensación que aparece con bastante frecuencia cuando llega septiembre.Se terminan las vacaciones, vuelve el despertador, el trabajo, los horarios, las responsabilidades, las prisas… y cuesta.

  • Cuesta levantarse.
  • Cuesta volver a concentrarse.
  • Cuesta asumir que aquello que durante unos días parecía lejano vuelve a ocupar cada espacio del día.

 

Y, sinceramente, no tiene nada de extraño.

No tenemos por qué disfrutar de volver al trabajo. No tenemos por qué sentir ilusión ante la vuelta a los horarios, las obligaciones y las prisas. Y tampoco tenemos que convencernos de que la rutina es maravillosa si, sencillamente, no lo sentimos así.Pero hay ocasiones en las que lo que pesa no es únicamente que se hayan acabado las vacaciones.

Es volver a una vida que ya llevaba demasiado tiempo pesando. Y ahí quizá haya algo que merezca la pena escuchar.

 

No siempre es el síndrome postvacacional

Durante estas fechas hablamos mucho del llamado síndrome postvacacional. Y es cierto que después de un periodo de descanso necesitamos readaptarnos. Cambiar horarios, recuperar responsabilidades y volver a determinadas exigencias puede generar cansancio, apatía o cierta irritabilidad durante unos días. Pero hay una diferencia entre necesitar un tiempo para volver a coger el ritmo y sentir, cada vez que terminan unos días de descanso, que no quieres regresar a tu vida cotidiana.

Porque quizá no sea simplemente:       “Qué pena que se hayan acabado las vacaciones.”

Quizá sea:         “No quiero volver a pasar otros once meses esperando a que lleguen las siguientes.”

                                                               Y esa sensación es diferente.

 

Porque las vacaciones también pueden hacer visible lo que durante el año no puedes mirar

Cuando estamos metidos de lleno en nuestra rutina, muchas veces no tenemos demasiado espacio para preguntarnos cómo estamos.

  • Hay que levantarse.
  • Trabajar.
  • Llegar a casa.
  • Hacer la compra.
  • Atender a los hijos.
  • Resolver lo pendiente.
  • Cumplir con los demás.
  • Dormir.
  • Y volver a empezar.

 

No siempre tenemos tiempo para detenernos a pensar si estamos bien con la vida que estamos llevando. Simplemente seguimos. Por eso, cuando llegan unos días de descanso y el ritmo se detiene, puede ocurrir algo curioso:

  • Quizá duermes mejor.
  • Tienes tiempo para hablar sin mirar el reloj.
  • Haces cosas que te apetecen.
  • Ves más a determinadas personas.
  • Sales.
  • Lees.
  • Paseas.
  • O simplemente no haces nada.

 

Y entonces puedes darte cuenta de cuánto necesitabas parar. No porque las vacaciones hayan solucionado nada. Sino porque durante unos días has podido experimentar otra forma de estar. Y la vuelta puede hacer más evidente el contraste.

 

A veces realmente no quieres volver al trabajo

Y esto también merece decirse. Hay ocasiones en las que el problema sí está en el trabajo, en unas condiciones que no son buenas, en un horario que resulta difícil de sostener, en una carga de trabajo excesiva, en un ambiente que genera malestar, en la falta de reconocimiento, en una situación laboral que llevas tiempo soportando porque no sabes qué otra alternativa tienes.

No todo se soluciona aprendiendo a gestionar mejor el estrés. No todo es cuestión de cambiar nuestra forma de pensar.

Y no deberíamos convertir en un problema psicológico una reacción comprensible ante una situación que realmente está siendo difícil. A veces estar mal en un trabajo que te está haciendo mal no significa que estés gestionando mal tus emociones. Significa que algo de esa situación necesita ser atendido. Y puede que, en algunos casos, ese algo sea buscar un cambio.

 

Pero no siempre se trata únicamente del trabajo

También puede ocurrir que el trabajo sea solo una parte de lo que pesa. Porque quizá cuando dices “no quiero volver”, en realidad estás pensando en todo lo que te espera cuando vuelvas.

  • El ritmo.
  • La falta de tiempo.
  • Las responsabilidades.
  • Una relación que lleva meses funcionando en piloto automático.
  • La sensación de no llegar a todo.
  • No tener un momento para ti.
  • Sentir que tu vida se ha convertido en una lista interminable de cosas que tienes que hacer.

 

Y entonces las vacaciones adquieren un significado diferente. No son únicamente un descanso del trabajo. Son unos días en los que, por fin, puedes recuperar una pequeña parte de tu vida. Por eso algunas personas no sienten solamente tristeza cuando terminan. Sienten angustia, agobio. Incluso una especie de rechazo ante la idea de volver a empezar exactamente donde lo dejaron.

 

Quizá la pregunta no sea “¿por qué no me gusta volver?”

Puede que no haya nada que resolver en el hecho de que no te apetezca volver a trabajar. A la mayoría de las personas les gusta tener vacaciones. Y es bastante comprensible preferir levantarse sin despertador antes que hacerlo para ir a trabajar.

La cuestión quizá sea otra: ¿Qué es exactamente lo que me pesa tanto de volver?

       ¿El trabajo?

       ¿El horario?

       ¿La falta de descanso?

       ¿Las condiciones en las que estoy trabajando?

       ¿La cantidad de responsabilidades que tengo?

       ¿La sensación de que no tengo tiempo para mí?

       ¿Algo que ocurre en mi relación?

       ¿O llevo tanto tiempo funcionando de esta manera que ya ni siquiera sé qué parte de mi vida es la que me está haciendo sentir así?

                  No hace falta tener la respuesta inmediatamente. Pero sí puede ser importante empezar a hacerse la pregunta.

 

Y no hace falta tomar una decisión drástica

Cuando llevamos mucho tiempo sintiéndonos mal, es fácil pasar de “no puedo más” a “tengo que cambiarlo todo”. Pero entre ambas cosas existe un espacio enorme. A veces necesitamos poner límites, a veces pedir ayuda, a veces hablar de algo que llevamos demasiado tiempo callando, a veces reorganizar determinadas responsabilidades, a veces buscar alternativas laborales. Y otras veces necesitamos comprender qué nos está ocurriendo antes de saber qué queremos cambiar.

No todo tiene una solución inmediata. Pero tampoco tenemos que acostumbrarnos a sentirnos mal simplemente porque llevamos mucho tiempo haciéndolo.

 

Septiembre no tiene por qué ser una vuelta a lo mismo

Quizá este septiembre no necesites proponerte ser más productivo, organizar mejor tus horarios o aprender a llevar la rutina con una sonrisa. Quizá puedas permitirte algo mucho más sencillo: escuchar cómo te sienta volver.

       No para dramatizar.

       No para tomar decisiones precipitadas.

       Y tampoco para convencerte de que deberías estar agradecido por tu vida.

       Simplemente para prestar atención.

Porque si después de unos días de descanso vuelves a sentir que tu vida cotidiana te resulta insoportable, quizá merezca la pena preguntarte qué hay detrás de esa sensación. Y si la respuesta es que estás cansado de unas condiciones que realmente no quieres seguir sosteniendo, también es importante poder reconocerlo.

 

Una última reflexión

No pasa nada por querer que las vacaciones duren un poco más. No pasa nada por no tener ganas de volver al trabajo. No pasa nada por necesitar unos días para recuperar el ritmo.

Pero si una y otra vez sientes que necesitas escapar de tu vida para poder sentirte bien, quizá haya algo más que mirar. No necesariamente porque haya algo mal en ti. Quizá porque hay algo en tu forma de vivir que necesita ser escuchado.

       A veces necesitamos descansar.

       A veces necesitamos cambiar.

       A veces necesitamos poner límites.

                    Y a veces necesitamos ayuda para entender qué está pasando antes de saber siquiera por dónde empezar.

 

Así que quizá este septiembre la pregunta no sea: “¿Por qué me cuesta tanto volver?”

Quizá sea: “¿Qué es exactamente aquello a lo que no quiero volver?”

 

                           Porque la respuesta puede decirte mucho más de lo que parece.

 

Soy Marta, Psicóloga Sanitaria. Fundadora y CEO en Marta Gandín Psicología. Te ofrezco un espacio seguro donde comprender, aceptar y transformar aquello que hoy te hace sufrir, desde un enfoque basado en la evidencia científica y adaptado a tus necesidades. 

Atiendo de forma presencial en Cáceres y Torrejoncillo, y también de manera online para toda España.

 

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